De visita en la parcela de Eliseo y Marlene

De visita en la parcela de Eliseo y Marlene

“Se requiere de decisión para dejar los químicos, al principio da miedo, (uno) se siente inseguro…” (Eliseo Escalante, campesino y animador)

Eliseo y Marlene muestran parte de su plan de finca. Su visualización de lo que quieren seguir transformando y cómo piensan ordenarlo en el terreno de su parcela.

Eliseo y Marlene son una pareja campesina, habitantes de la comunidad El Paraíso en cantón San José El Naranjo, municipio de Jujutla en Ahuachapán. Tienen 25 años de vivir juntos.

En su casa viven 3 personas, la pareja y su hijo Nelson, un hombre joven con discapacidad y que depende en gran medida de ellos.

Desde hace casi 6 años participan en los procesos que acompaña Solidaridad CVX y han ido transformando las formas de producir su alimento, con un enfoque agroecológico.

La parcela que cultivan es propia. Es un área de ½ Mz., con un 35% de pendiente, a unos 600 msnm y está junto al lugar de vivienda. No cuentan con servicios de agua potable y energía eléctrica. Para abastecerse de agua han mejorado un pozo, con el apoyo de Solidaridad CVX y el financiamiento de Trocaire-BLF; y cuentan con energía generada por un panel solar obtenido a través de un proyecto comunitario apoyado por la alcaldía municipal.

El acceso a su comunidad es complicado, sobre todo en invierno. Generalmente se movilizan a pie, por atajos. Caminan alrededor de 45 minutos hasta el pueblo donde realizan algunas compras y venden sus productos.

UN CAMPO LLENO DE COMIDA

Caminando por su parcela, Eliseo nos comenta que empezó experimentando en pequeño, con 2 tareas. Poco a poco ha ido ampliando el área transformada, un poco cada año. Todo lo han hecho con trabajo familiar, y por eso también han ido despacio.

      
Su parcela la ha ido diversificando. En ella se pueden ver guineos de diferentes variedades, árboles de jocotes, anonas, mangos, aguacates, nísperos, granadilla, papaya, guayabas, naranjo y limones.

Las prácticas que ha ido incorporando son: no quemar, dejar toda la cobertura del suelo; desmontar y podar los árboles grandes para que entre más luz, trazo de curva a nivel, siembra de frijol abono mucuna donde estaba más pobre la tierra, sembró barreras vivas y frutales en curvas nivel. Ya no quema ni con fuego ni con herbicida. No usa ningún tipo de agroquímico. Para la fertilidad usa el frijol mucuna.

Además hierbas y verduras como chipilín, mora, papelillo, chile, tomate, yuca, malanga, chufle, plantas aromáticas (albahaca, oréganos, epazote), platas medicinales (sábila o aloe, epasina, jengibre), y plantas forrajeras (nacedero, morera y ramio). Por la diversidad y la generación de materia orgánica también producen varias clases de hongos comestibles.

“La mayoría de los preparados de la comida – dice Eliseo– solo vamos a la finca a traer. Eso es bonito, porque sabemos la calidad que estamos comiendo… Por temporadas vendemos mangos negro, jocotes, granadilla y montes.”

LO APRENDIDO Y LO GANADO

“Tenemos asegurada la alimentación, hemos gastado menos en esta finca porque no compramos insumos químicos. Tenemos más amigos (gente conocida) en los talleres y giras.”

 “Lo que me motivó a iniciar con esta agricultura fue una gira a COSECHA, en Honduras. Un campesino de apellido Vaca dijo que la pensión del campesino es la parcela diversificada con frutales. En otras giras había visto solo parcelitas pequeñas, (allí) entendí que se puede hacer en grande, comprendí que eso era lo que necesitaba para la familia”.

 “No es fácil. Requiere de mucha voluntad y entusiasmo. Se necesita ir menos a la cancha y a la hamaca, para trabajar más en la parcela, se necesita de la compañera. Se requiere de decisión para dejar los químicos, al principio da miedo, (uno) se siente inseguro. Se tiene la comida en la parcela, solo de ir a traer. Se está seguro de la calidad de los alimentos que comemos, criollos y sin químicos”.

          

“Esto entusiasma y permite que platiquemos más en familia, cuando estamos trabajando y en los momentos de descanso.”

Sobre sus retos, dice Eliseo: “Seguir mejorando la finca. Darle mantenimiento para esperar que todos los frutales den cosechas. Dejar un bonito recuerdo a los hijos y a la comunidad. Seguirnos capacitando para seguir experimentando. Aplicar los valores, que hemos aprendido en los talleres, en la familia y en la comunidad”.

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